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Preguntas Frecuentes


El Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) es una enfermedad ansiosa que suele iniciarse en la adolescencia o a principios de la edad adulta, pero puede comenzar en la infancia. En este último caso, es más frecuente en niños que en niñas. El momento habitual de inicio es más tardío en la mujer que en el varón, de modo que es igual de frecuente en los adultos de ambos sexos. Este trastorno suele cronificarse sin tratamiento y en algunas personas provoca una grave discapacidad. Se caracteriza por la presencia de obsesiones o compulsiones o, como es habitual, de ambas. Las obsesiones y compulsiones provocan un intenso sufrimiento al paciente, le hacen perder mucho tiempo e interfieren con su funcionamiento normal.

Son pensamientos, impulsos o imágenes no deseados, superfluos y recurrentes que se experimentan como inoportunos e inapropiados, generalmente en pacientes con TOC tiene algunas de las siguientes características:

  • Las obsesiones del TOC no son simplemente preocupaciones acerca de la vida real.
  • La persona afectada se da cuenta de que es su propia mente la que genera estas ideas obsesivas.
  • El paciente trata de suprimir o neutralizar las obsesiones emprendiendo acciones o con otros pensamientos.
  • Ejemplos de obsesiones típicas incluyen pensar que uno está contaminado por la suciedad o por microbios o pensar que se ha hecho daño a alguien, aun cuando se reconozca que dichas preocupaciones no son realistas.

Son conductas repetitivas o “rituales” que la persona afectada se siente impulsada a realizar de un modo determinado.Las más comunes son:

  • Las acciones compulsivas se llevan a cabo para reducir la ansiedad/angustia o impedir que ocurra algo malo, a pesar de no existir ninguna conexión real con la prevención de dicho acontecimiento.
  • Las compulsiones típicas incluyen limpieza excesiva (caso del lavado de manos), comprobaciones repetitivas y acumulación de cosas aunque sean inútiles.
  • Para algunas personas, pueden ser compulsiones actos mentales como rezar, contar o repetir palabras en voz baja.

Nadie ha encontrado una causa específica y comprobada para el TOC. Algunas investigaciones muestran que tiene que ver con las substancias químicas en el cerebro que se encargan de llevar mensajes de un nervio al otro. Una de estas substancias químicas llamada serotonina ayuda a que las personas no repitan los mismos comportamientos una y otra vez. Una persona que tiene TOC puede no tener suficiente serotonina. Muchas personas que tienen TOC pueden funcionar mejor cuando toman medicamentos que aumentan la cantidad de serotonina en su cerebro. Otras investigaciones han hallado pruebas de su carácter familiar y de que podría tener un componente genético (hereditario).

El TOC puede ser desde un problema leve que sólo aprecie el afectado hasta un trastorno grave que impida al paciente desarrollar cualquier actividad y desestructure por completo su familia o entorno. Por ello, si observamos síntomas como los descritos o similares, y éstos son lo suficientemente intensos como para interferir con la realización del trabajo o las relaciones socio-familiares (como, por ejemplo, pasar horas enteras colocando un cuadro o doblando unos pantalones, ser incapaces de levantarse de la silla pensando en algún asunto, acumular papeles por toda la casa por temor a tirar algo importante, volver una y otra vez a casa a comprobar si se han cerrado bien los grifos, durante toda una mañana...) deberemos consultar al médico, o directamente al psiquiatra.

El TOC debe ser siempre evaluado por el psiquiatra, puesto que en la casi totalidad de los casos se precisará tratamiento farmacológico específico, que debe ser manejado por este profesional. Al psiquiatra se puede acceder directamente, o bien a través del médico de atención primaria, que derivará al paciente a éste. El diagnóstico suele hacerse por la historia clínica, siendo importante también descartar otros trastornos mentales o neurológicos, para lo cual puede ser necesario en ocasiones realizar pruebas diagnósticas complementarias (tomografía computerizada craneal, electroencefalograma). En cualquier caso se debe solicitar siempre la valoración por un profesional médico y evitar consultar a otras personas que carecen de toda capacidad para manejar este trastorno.

En los últimos años se han conseguido importantes progresos en el tratamiento de estos pacientes, disminuido notablemente las repercusiones físicas y sociales sobre ellos. Actualmente hay dos tipos de tratamiento: los fármacos y la psicoterapia específica; la combinación de ambos puede conseguir los mejores resultados, aunque algunos pacientes sólo responden a uno de los dos. De entre los fármacos, los más utilizados son los antidepresivos, que actúan selectivamente sobre los neurotransmisores o sustancias químicas implicados en el TOC. Entre un 50 y un 80% de los pacientes mejoran con ellos, aunque los efectos suelen tardar en notarse (aproximadamente 6-10 semanas). Por otro lado, la psicoterapia más utilizada es la terapia conductual, que consiste esencialmente en hacer que el paciente busque los estímulos y pensamientos que teme y se enfrente a ellos, y que después se resista a realizar los rituales compulsivos, de forma gradual y programada. Entre el 60-90% de los pacientes se benefician de esta terapia. Es muy importante que el seguimiento del tratamiento farmacológico lo haga el psiquiatra, que es la persona autorizada para ello, mientras que el tratamiento psicoterápico puede ser desempeñado y supervisado por él mismo u otro profesional de la Salud Mental (fundamentalmente el psicólogo). Por tanto, en ocasiones es recomendable un equipo terapéutico para intentar solucionar todos los aspectos que pueden ser mejorados en este trastorno. Otros tratamientos ensayados incluyen psicoterapia de otros tipos (no conductual), terapia electroconvulsiva (provocación de crisis epilépticas bajo control médico) y otros fármacos (litio, venlafaxina, neurolépticos), utilizados generalmente si no hay respuesta a los anteriores.

Una pequeña parte de los pacientes se muestra resistentes a todos los tratamientos anteriores; en ellos puede requerirse la psicocirugía, técnica de cirugía cerebral que consiste en la sección de fibras nerviosas y que consigue mejorías en el 25-30% de estos pacientes. Hoy en día estas técnicas se han perfeccionado mucho y las secuelas derivadas de ellas (crisis epilépticas, parálisis, trastornos del habla) se han reducido de forma importante.

Las personas que tienen TOC con frecuencia tienen otros tipos de ansiedad tales como fobias (miedo a las arañas o a volar) o ataques de pánico.

Las personas que tienen TOC también pueden tener depresión, trastorno de atención con hiperactividad (TDAH), un trastorno alimentario o un trastorno del aprendizaje tal y como la dislexia.

Tener uno o más de estos trastornos puede hacer que el diagnóstico y tratamiento sea más difícil, por lo tanto, es importante hablar con su médico acerca de cualquier síntoma que usted tenga incluso si siente vergüenza al hacerlo.

Entre el 60 y el 80% de los pacientes, en general, presentan una mejoría al menos moderada con el tratamiento, mientras que el resto se mantienen estables o empeoran de los síntomas. A veces pueden pasar hasta 10 años hasta que el paciente consulta al psiquiatra, puesto que muchos pacientes ocultan sus síntomas. Por ello es importante acudir al médico en cuanto haya síntomas sugerentes de la enfermedad, antes de que las obsesiones y compulsiones se cronifiquen, puesto que el tratamiento será entonces más difícil. Un 30% de los pacientes presentan una depresión asociada, que constituye un dato de mal pronóstico, junto con el inicio del trastorno en la infancia, la personalidad obsesiva previa y la necesidad de hospitalización, entre otros.



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