El mundo ha llegado hoy día al paroxismo de la vivencia materialista. Con el predominio del paradigma reduccionista, calcado en el egoísmo, uno asiste al recrudecimiento del hedonismo, de la violencia, la ambición desenfrenada, los vicios, la intolerancia religiosa, las grandes desigualdades y calamidades sociales. Pero por suerte crece el número de las “minorías creativas”, como lo vaticinó Arnold Toynbee, que piensan distinto del modelo predominante.
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